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sábado, 7 de febrero de 2015
A raíz de trasladarse el Ayuntamiento del concejo de Caminomorisco a la alquería de Las Calabazas, se
cambió dicha aldea de nombre, abandonando el de esa planta cucurbitácea
y tomando para sí el del propio concejo, del que forman parte, en la
actualidad ocho núcleos de población, si bien, en el pasado, dependieron
otras aldeas, hoy devenidas en despoblados.
Desde hace varios siglos, el pueblo de Las Calabazas, hoy Caminomorisco, celebraba gran fiesta en honor de Las Candelas o de La Candelaria. Hasta topónimos hay en sus términos que hacen mención a tal nombre, como el paraje de “Candelariu” y la garganta de “Arrocandelariu”. Sabido es que estas fiestas se celebran el día 2 de febrero. Pero los “calabacéñuh” o “morihquéñuh” la vienen trasladando, en estos últimos años, a uno u otro de los dos domingos que la flanquean. Hogaño, será el próximo domingo, día 8 de febrero, cuando la entronicen y la festejen.
La asociación de mujeres “Alavea”, con la que colabora el Ayuntamiento de Caminomorisco, se encarga de llevar a buen puerto el sencillo programa que elaboran. El caso es que la tradición no decaiga. Todos los actos se centran en la jornada vespertina. Así, las campanas repicarán a misa solemne a las 17,00 horas. Tradición siempre ha sido elaborar el llamado “Rohcón de la Virgin”, que se llevaba en una bandeja a misa. Al finalizar el acto religioso, se subasta el roscón y todos los asistentes son obsequiados con dulces caseros y chocolate, mientras no deja de sonar el tamboril y la gaita. Cuando ya el día guiña el ojo, se procederá a la quema del “Candelu”, una especie de pelele que se retorcerá entre las llamas de la gran hoguera que se levanta para la ocasión. Hoguera cuya simbología se pierde, tal vez, entre esas viejas mitologías del ciclo invernal que intentan, a través de la gran fogata, insuflar fuerzas al sol para que no desaparezca entre las brumas del invierno. A la par, se arroja el pelele en el fuego, respondiendo a lo que algunos consideran como símbolo de los fríos y los males de la estación invernal, el cual debe abrasarse para que huyan las nieblas y vuelva el sol con nuevas energías, anunciando una risueña primavera y, así, se restablezca el orden cósmico.
Esta fiesta de Las Candelas, que tuvo mayor tronío en el pasado, puede que arranque de las Lupercales romanas, que se celebraban en honor del dios Lupercus, relacionado con la fertilidad y los rebaños, el día 15 de febrero (“ante diem Kalendas Martias”). Durante ella, una alborotada procesión de gente con candelas en las manos pedía a voces y con cánticos la protección contra los males, las sombras del invierno y la muerte. Portaban pieles de lobos y de otros animales, cornamentas de machos cabríos e iban tocando cencerros. Eran festejos transgresores, donde se respiraba un gran ambiente libertino. El Papa Gelasio I las prohibió y condenó en el año 494. Pero no logró erradicarlas, como se desprende de los posos que han quedado en muchos ritos precarnavalescos y otros de los mismos días de los antruejos, como es el caso del “Carnaval Jurdanu”.
También tienen que ver muchos los rituales de Las Candelas con la fiesta céltica del Imbolc, en honor de la diosa Brigantia (“La Muy Luminosa”), cuando se celebraba la Fiesta del Fuego. Brigantia se relaciona con Brígida, y no hay que olvidar que la efemérides de Santa Brígida se conmemora el día 1º de febrero, víspera de Las Candelas. Todo ello, Lupercales e Imbolc, sumado a otras creencias anteriores que existían en las comunidades pastoriles (caso de Las Hurdes), conformaron gran parte de la mitología y rituales del ciclo de invierno que hoy perviven en zonas de gran sociocentrismo y arcaísmo y que es preciso conservar y fortalecer como patrimonio cultural dejado en herencia por los antepasados.
Por Félix Barroso Gutiérrez
Desde hace varios siglos, el pueblo de Las Calabazas, hoy Caminomorisco, celebraba gran fiesta en honor de Las Candelas o de La Candelaria. Hasta topónimos hay en sus términos que hacen mención a tal nombre, como el paraje de “Candelariu” y la garganta de “Arrocandelariu”. Sabido es que estas fiestas se celebran el día 2 de febrero. Pero los “calabacéñuh” o “morihquéñuh” la vienen trasladando, en estos últimos años, a uno u otro de los dos domingos que la flanquean. Hogaño, será el próximo domingo, día 8 de febrero, cuando la entronicen y la festejen.
La asociación de mujeres “Alavea”, con la que colabora el Ayuntamiento de Caminomorisco, se encarga de llevar a buen puerto el sencillo programa que elaboran. El caso es que la tradición no decaiga. Todos los actos se centran en la jornada vespertina. Así, las campanas repicarán a misa solemne a las 17,00 horas. Tradición siempre ha sido elaborar el llamado “Rohcón de la Virgin”, que se llevaba en una bandeja a misa. Al finalizar el acto religioso, se subasta el roscón y todos los asistentes son obsequiados con dulces caseros y chocolate, mientras no deja de sonar el tamboril y la gaita. Cuando ya el día guiña el ojo, se procederá a la quema del “Candelu”, una especie de pelele que se retorcerá entre las llamas de la gran hoguera que se levanta para la ocasión. Hoguera cuya simbología se pierde, tal vez, entre esas viejas mitologías del ciclo invernal que intentan, a través de la gran fogata, insuflar fuerzas al sol para que no desaparezca entre las brumas del invierno. A la par, se arroja el pelele en el fuego, respondiendo a lo que algunos consideran como símbolo de los fríos y los males de la estación invernal, el cual debe abrasarse para que huyan las nieblas y vuelva el sol con nuevas energías, anunciando una risueña primavera y, así, se restablezca el orden cósmico.
Esta fiesta de Las Candelas, que tuvo mayor tronío en el pasado, puede que arranque de las Lupercales romanas, que se celebraban en honor del dios Lupercus, relacionado con la fertilidad y los rebaños, el día 15 de febrero (“ante diem Kalendas Martias”). Durante ella, una alborotada procesión de gente con candelas en las manos pedía a voces y con cánticos la protección contra los males, las sombras del invierno y la muerte. Portaban pieles de lobos y de otros animales, cornamentas de machos cabríos e iban tocando cencerros. Eran festejos transgresores, donde se respiraba un gran ambiente libertino. El Papa Gelasio I las prohibió y condenó en el año 494. Pero no logró erradicarlas, como se desprende de los posos que han quedado en muchos ritos precarnavalescos y otros de los mismos días de los antruejos, como es el caso del “Carnaval Jurdanu”.
También tienen que ver muchos los rituales de Las Candelas con la fiesta céltica del Imbolc, en honor de la diosa Brigantia (“La Muy Luminosa”), cuando se celebraba la Fiesta del Fuego. Brigantia se relaciona con Brígida, y no hay que olvidar que la efemérides de Santa Brígida se conmemora el día 1º de febrero, víspera de Las Candelas. Todo ello, Lupercales e Imbolc, sumado a otras creencias anteriores que existían en las comunidades pastoriles (caso de Las Hurdes), conformaron gran parte de la mitología y rituales del ciclo de invierno que hoy perviven en zonas de gran sociocentrismo y arcaísmo y que es preciso conservar y fortalecer como patrimonio cultural dejado en herencia por los antepasados.
Por Félix Barroso Gutiérrez
Como Llegar
Tag :// Caceres,
Tag :// Febrero
sábado, 31 de enero de 2015
Montehermoso, localidad ubicada en Cáceres, celebra su Fiesta de Interés Turístico Regional los días 2 y 3 de Febrero.
En ella participan siete bailarines con la cara tiznada con corcha
quemada (negritos), uno de los cuales es el palotero, quien lleva un
zurrón de piel con los utensilios de las
danzas.
La fiesta comienza al atardecer del 2 de febrero, cuando los negritos acuden a casa del mayordomo con la cara sin tiznar. Cuando las campanas tocan "la Velá", se dirigen a la Iglesia, a la puerta de la cual bailan "la Zapateta" y recogen al sacerdote. Después visitan la Ermita de San Sebastián, donde veneran y bailan al santo; y a la Ermita de San Blas, donde habitualmente está el santo.
En la ermita de San Blas el palotero intenta bailar la Zapateta, pero los demás negritos se lo impiden y son ellos los que bailan por parejas. Cuando han bailado, permiten bailar al Palotero, pero sus castañuelas, al estar hechas de corcha, no suenan, y el Palotero tiene que solicitar a sus compañeros que le ayuden, pero estos no le hacen caso. Al finalizar el ritual, los negritos acompañan al sacerdote a la iglesia. Durante la Velá, los mayordomos llevan unas antorchas de aceite llamados velones para alumbrar.
Una vez finalizada la Velá, los negritos vuelven a casa del mayordomo, y más tarde, durante la madrugada, los negritos hacen una ronda por las casas de los mayordomos antiguos, en agradecimiento a su devoción al santo.
El 3 de febrero por
la mañana, el tamborilero va a casa del palotero y a las de los demás
negritos y los acompaña a casa de los mayordomos, donde se tiznan la
cara con corcha quemada.
A las 11, una vez tiznados, toca a misa y los mayordomos y negritos se dirigen a la Iglesia y recogen al sacerdote, con quien van a la Ermita de San Blas, donde se le hace la misa al santo. Antiguamente los mayordomos solían llevar en la procesión un estandarte, llamado pendón, con el que uno de ellos se colocaba en las escaleras de acceso al púlpito de la ermita, a modo de escolta, mientras el sacerdote daba el sermón. Hoy en día, sólo llevan estandarte los monaguillos.
Durante la consagración de la misa, el tamborilero toca la Marcha Real con la flauta y el tamboril y los negritos lo acompañan con las castañuelas. Tras la misa, se bendicen los cordones de San Blas, unos cordones de seda que se le ponen a la imagen del santo en la mano durante la misa que, según
una creencia popular, protegen de las enfermedades de garganta.
Acabada la misa, San Blas es después llevado en procesión hasta la Plaza de España. A la puerta de la ermita, los negritos bailan la Zapateta, y después durante el pasacalles de la procesión, los negritos continúan bailando. Al llegar a la plaza, se coloca la imagen del santo sobre un pedestal junto al portal de la casa consistorial. Allí es donde los negritos le bailan sus danzas populares al santo.
Una vez terminados los bailes, se traslada la imagen del santo hasta la Iglesia Parroquial, donde permanecerá durante un tiempo. Antiguamente, era costumbre que devotas del santo le dedicaran, antes de los bailes de los negritos en la plaza, loas o alabanzas a al santo, normalmente compuestas
por personas que nada tenían que ver con quien las interpretaba.
danzas.La fiesta comienza al atardecer del 2 de febrero, cuando los negritos acuden a casa del mayordomo con la cara sin tiznar. Cuando las campanas tocan "la Velá", se dirigen a la Iglesia, a la puerta de la cual bailan "la Zapateta" y recogen al sacerdote. Después visitan la Ermita de San Sebastián, donde veneran y bailan al santo; y a la Ermita de San Blas, donde habitualmente está el santo.
En la ermita de San Blas el palotero intenta bailar la Zapateta, pero los demás negritos se lo impiden y son ellos los que bailan por parejas. Cuando han bailado, permiten bailar al Palotero, pero sus castañuelas, al estar hechas de corcha, no suenan, y el Palotero tiene que solicitar a sus compañeros que le ayuden, pero estos no le hacen caso. Al finalizar el ritual, los negritos acompañan al sacerdote a la iglesia. Durante la Velá, los mayordomos llevan unas antorchas de aceite llamados velones para alumbrar.
Una vez finalizada la Velá, los negritos vuelven a casa del mayordomo, y más tarde, durante la madrugada, los negritos hacen una ronda por las casas de los mayordomos antiguos, en agradecimiento a su devoción al santo.
El 3 de febrero por
la mañana, el tamborilero va a casa del palotero y a las de los demás
negritos y los acompaña a casa de los mayordomos, donde se tiznan la
cara con corcha quemada.A las 11, una vez tiznados, toca a misa y los mayordomos y negritos se dirigen a la Iglesia y recogen al sacerdote, con quien van a la Ermita de San Blas, donde se le hace la misa al santo. Antiguamente los mayordomos solían llevar en la procesión un estandarte, llamado pendón, con el que uno de ellos se colocaba en las escaleras de acceso al púlpito de la ermita, a modo de escolta, mientras el sacerdote daba el sermón. Hoy en día, sólo llevan estandarte los monaguillos.
Durante la consagración de la misa, el tamborilero toca la Marcha Real con la flauta y el tamboril y los negritos lo acompañan con las castañuelas. Tras la misa, se bendicen los cordones de San Blas, unos cordones de seda que se le ponen a la imagen del santo en la mano durante la misa que, según
una creencia popular, protegen de las enfermedades de garganta.
Acabada la misa, San Blas es después llevado en procesión hasta la Plaza de España. A la puerta de la ermita, los negritos bailan la Zapateta, y después durante el pasacalles de la procesión, los negritos continúan bailando. Al llegar a la plaza, se coloca la imagen del santo sobre un pedestal junto al portal de la casa consistorial. Allí es donde los negritos le bailan sus danzas populares al santo.
Una vez terminados los bailes, se traslada la imagen del santo hasta la Iglesia Parroquial, donde permanecerá durante un tiempo. Antiguamente, era costumbre que devotas del santo le dedicaran, antes de los bailes de los negritos en la plaza, loas o alabanzas a al santo, normalmente compuestas
por personas que nada tenían que ver con quien las interpretaba.
El resto del día, los negritos y los mayordomos van por las calles del pueblo pidiendo la maná y vendiendo los cordones de San Blas.
Programa de Fisetas 2015
Como Llegar
Tag :// Caceres,
Tag :// Febrero
domingo, 18 de enero de 2015
La fiesta tiene al parecer su origen en la leyenda de San Sebastián,
un soldado romano que fue juzgado y condenado a muerte por no
renegar de su fe cristiana. Tras ser torturado fue arrojado a las
fieras (representadas por las carantoñas), pero éstas se mantuvieron a
su alrededor sin atacarle,
mostrando así su respeto al santo.
mostrando así su respeto al santo.
La festividad de San Sebastián comienza la víspera del 20 de enero, cuando el mayordomo y su familia recorren los alrededores de Acehúche para recoger romero. A su llegada al pueblo son recibidos por los habitantes que tocan las campanas y lanzan cohetes.
Ese mismo día un tamborilero recorre el pueblo de Acehúche recordando el inicio de la fiesta dedicada al Santo con la célebre alborá, que tiene como misión despertar a Las Carantoñas.
Normalmente son hombres que cubren sus cuerpos con máscaras y pieles
además porta una rama de acehúche. Cuando todo el pueblo se ha
despertado acuden a casa del mayordomo donde serán agasajados con un
desayuno a base de migas con café.
Tras el desayuno las carantoñas van a su casa a
vestirse y el mayordomo y su familia riegan el romero recogido el día
anterior entre los asistentes.
A la hora de la procesión entran en juego los tiraores, jóvenes que lanzan al aire cartuchos produciendo un gran estruendo. Los tiraores están acompañados por las regaoras,
mozas del pueblo vestidas con trajes regionales, de bayeta, que
lanzan confeti. El inicio de la procesión es uno de los momentos
clave de la fiesta.
A la salida del templo tiraores y regaoras organizan
un pasillo a la vez que lanzan confeti y pegan tiros al aire mientras
se lanzan salvas al santo. Las carantaoñas se colocan de dos en dos
haciendo reverencias y pronunciando el misterioso GU.
La procesión transcurre por las calles de Acehúche hasta que llegan a la casa del mayordomo, donde uno de sus familiares echa la loa, dar gracias, al santo. Y así siguen paseando la imagen de San Sebastián hasta que aparece la Vaca Tora,
una carantoña ataviada con cuernos que se encarga de asustar al
resto de las carantoñas. De esta forma se marca el final de la
fiesta.
Como Llegar
Tag :// Caceres,
Tag :// Enero






